Blomberg Quiteño

Blomberg Quiteño



Precio : u$s 20.00

Rolf Blomberg, el explorador sueco que arribó al Ecuador en 1934 por primera vez a la edad de 22 años, regresa hoy gracias a un importante apoyo del Fonsal y el trabajo del Archivo Blomberg. Este libro ofrece a los ciudadanos de Quito y a sus visitantes una hermosa colección de fotografías de esta ciudad, algunas de mucho valor artístico y muchas, inéditas, de gran valor como documento histórico. Son imágenes que despiertan nuestra memoria colectiva produciéndonos la nostalgia de lo familiar, perdido con el paso del tiempo. Nos muestran el cambio de una ciudad que crece y se moderniza manteniendo su espíritu pero también perdiendo mucho de su candor de pequeña ciudad. En muchos lectores evocará recuerdos de antaño, pan más jóvenes, proveerá sorpresas pero esperamos que a todos brinde gusto y satisfacción. Que este libro de imágenes, que datan desde la primera mitad de la década del siglo XX llegando hasta los años sesenta, sea un aporte para fortalecer la identidad de los quiteños y promover el amor y orgullo por la ciudad.

Este explorador ya había permanecido en las Islas Galápagos por espacio de 9 meses, compartiendo playas desiertas con juguetones lobos marinos, actividades cotidianas con un puñado de migrantes escandinavos, la búsqueda de enterrados tesoros de piratas y el misterio de la desaparición de la Baronesa Wagner y su acompañante de la Isla Floreana. Blomberg retorna a Europa por el camino más largo: escoge seguir la ruta de Orellana y cruzar la selva amazónica hasta el Brasil para luego tomar un barco de vuelta a su Suecia natal. Este viaje despierta más inquietudes en el joven viajero, quien retorna al cabo dc un par de años atraído por las tradiciones selváticas de los reductores de cabezas, otros trópicos lo atraen al sudeste asiático, donde es detenido por varios años debido a la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Son años muy duros, aquellos en los que Blomberg sueña con retornar a aquel hermoso país ubicado en cl paralelo cero. Siente gran empatía y curiosidad por ese pequeño pero tan variado país con su infinidad de grupos humanos Es así que en 1948 retorna y, atraído por una hermosa quiteña. Permanece en esta ciudad algunos años. Explora la ciudad y a sus habitantes, mira y visita bulliciosas plazas y apacibles conventos del Centro Histórico, camina por la 24 de Mayo con toda su efervescencia de ventas y personajes ambulantes, visita cementerios y comparte la tradición de las guaguas de pan.

Recorre parques y es espectador de los juegos de Pelota Nacional, los barquitos de la Alameda, las corridas de toros (tanto las populares como las de la elegante ciudad), los desfiles y fotógrafos del parque. Admira a los artesanos y comparte procesiones religiosas. Disfruta de balnearios cercanos a Quito y participa del crecimiento de la ciudad hacia el Norte con aires de modernidad, presencia el surgimiento de los nuevos edificios del Seguro Social, el Congreso Nacional y el Hotel Quito. Pasea por los bosques bajando a Guápulo. Y mientras absorbe y se adueña de la ciudad, la retrata con su incansable máquina Hasselblad, pues tiene una gran necesidad de compartir sus vivencias con sus coterráneos.

Durante su vida viaja por todos los continentes, sin embargo, el Ecuador se constituye en su segunda patria, en su país favorito, en su lugar de descubrimiento constante, y el sujeto preferido de sus mis de veinte libros publicados y treinta y dos documentales filmados. En 1968 se radica definitivamente en Quito, la ciudad de la eterna primavera, del cielo azul más hermoso del mundo.

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